Foto: David Martinez Ortega

Elige

Aunque nacemos con libre albedrío, en multitud de ocasiones, las personas escogemos sentirnos prisioneras, privarnos de libertad, someternos a lo externo, olvidando nuestra esencia de libertad y eternidad.

A veces, ese someternos es, a una creencia, a un grupo, a una ideología, a alguna persona, al propio miedo a mostrarme tal cual soy, tal cual pienso, a sentir el rechazo o la crítica de otrxs, por salirse de la norma, o por no salirse de ella.

Nos resulta complejo a veces escuchar nuestra propia verdad… y buscamos incesantes la verdad en libros, posts, religiones, «maestrxs», ideas políticas, etc.

Las circunstancias pueden ser muy variables, pero siempre podemos elegir cómo las vivimos desde dentro. Escoger, no la dependencia, no los temores, no la ira, no la culpa, no el miedo. Escoger la libertad de ser plenamente. Atentx. Encontrar ese lugar donde estamos serenxs, nuestro corazón late cálido y con su propio ritmo, y la voz y la mente son claras para expresarnos y ver, sin dudar. Confiando en la certeza de la sabiduría interna.

Cada paso tiene su aprendizaje, aunque pensemos que nos hemos equivocado, esa «equivocación» nos llevó a una mayor comprensión. Y de eso se trata el camino, así es cómo se avanza. Si no vemos que estamos aprendiendo, es porque estamos luchando contra la vida, juzgándola o juzgándonos, tratando de controlar la vida… cuándo la vida es incontrolable, siempre nos va a sorprender. Puedes sentarte a observar cómo la vida te sorprende, y en ese transcurrir de sorpresas, no estás dormidx.¡Estas escogiendo! A cada instante, alguna variable, aún sin darte cuenta. Con el pensamiento, con la palabra, con la emoción, etc. o con todo a la vez! (poderoso trío!).

Porque cuando vemos la cara de la dependencia, del temor, de la ira, la culpa y el miedo… es entonces cuando podemos escoger entre identificarnos con éstas expresiones, emociones o hábitos; o rebasarlas, sin luchar contra ellas, experimentarlas, sin quedarnos en ellas enredadas… incluso disfrutarlas, y desde allí, vislumbrar otras reacciones, otras opciones, otros caminos… escuchar, aprender, crecer… Igualmente, podemos ver la cara de emociones más positivas, cómo la alegría, el entusiasmo, el placer… e igualmente, escoger cómo vivirlas, sin que ellas nos atrapen y acaben alejándonos de nuestro bienestar más íntegro.

Muchas veces, escuchar en silencio y descansar la mente es la mejor forma de escoger. Después del silencio, las respuestas brotan, la certeza llega, desde el interior; otras veces escribiendo, sincerándonos con nosotrxs mismxs, otras veces verbalizando con algún amigx que simplemente te escuche de verdad, y no te juzgue. Otras veces a través del movimiento físico, el yoga, la danza, etc.

Ojalá tus elecciones salgan del corazón y te guíen a tu mayor bienestar. E, inevitablemente, ese bienestar se manifieste en tu entorno e inspire a quien trate contigo, y a tus actos y decisiones.

Gracias!

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