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RELACIONES. El arte de mezclarse sin perder la propia esencia

El amor, las relaciones… mantienen a toda la humanidad cautivada eternamente. No existe nada más gratificante que amar y ser amado/a. Y compartir sin reparo.

Cuándo me entrego a amar, decido compartir la felicidad de corazón, con alguien. Eso suena tan hermoso… Más esta felicidad y este compartir no dependen sólo de mi, ya que se trata de una relación. Y la vida entera es un ensayo de las relaciones humanas.

Por tanto, mi felicidad y compartir, sí que dependen en mayor parte de mi, aquéllo que sienta sinceramente, y aquéllo que sinceramente desee compartir. Éstas virtudes serán adaptadas a las circunstancias personales, físicas y psicoemocionales de las personas con quien me relacione.

Aquí entran en juego la empatía, la escucha, el respeto a lo que un@ mism@ y el otr@ siente, piensa y decide, la adaptabilidad y la dulzura. Todo esto es posible llevarlo a cabo, tras un entrenamiento que naturalmente sucede en la mayoría de las personas.

Sin embargo, es posible que los mecanismos de relación en algunas familias, círculos y personas se alejen bastante de las nombradas cualidades. Acercándose, por ejemplo, a reacciones y tendencias viciadas que no suelen llevar a «buen puerto». Como sería el caso del uso de la ironía a la hora de expresar sentimientos, molestias o requerimientos. No esperes nunca una reacción positiva tras el uso de la ironía (a no ser que sea en tono de humor).

También, la carencia de escucha y empatía da lugar a respuestas de enfado y desolación. Sólo silenciar un momento la voz para escuchar lo que la otra persona siente y expresa puede modificar completamente el rumbo de una discusión. Incluso de una relación a la larga.

Te recomiendo que pruebes este ejercicio: piensa en una o dos personas de tu entorno. Una a la cual admires y otra que no te despierte admiración. Y anota cinco cualidades que admiras en cada una de estas personas, y después cinco cualidades que no admiras de estas dos personas.

Cada una de las cualidades que has anotado, forman parte de ti, en menor o mayor medida.

Bien. Pues este es el «ejercicio del espejo». Generalmente, las personas tendemos a sentir atracción o aversión por aquéllas cualidades que existen en nosotr@s mism@s, pero  no siempre somos conscientes de ellas, ni las queremos reconocer como parte nuestra.

Foto: Desiré Muñiz de Palacio
Foto: Desiré Muñiz de Palacio

Si pruebas a llevar a cabo esta práctica en tu día a día, descubrirás como aumenta tu empatía, al ser capaz de comprender más profundamente al otr@.

Una vez creado un ambiente de escucha, empatía y dulzura (tanto exterior, como interior) es muy importante comunicar amablemente lo que sentimos y aquellas cosas que podrían convertirse en bloqueos o conflictos, ya sea para un@ mism@, o entre más personas. Alimentar internamente las preocupaciones y esperar a que un día estallen está demostrado que no funciona bien…

Y en fin, no te acostumbres a hacer las cosas sin amor, sin placer, o irás perdiendo poco a poco eso que es tu esencia, tu identidad. Así que respétate profundamente. Y si éstas sugerencias te sirvieran, te invito a practicarlas cada día.

 

 

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