165443_315500211909131_892241652_n

YAMA Y NIYAMA: límites y compromisos para vivir en este mundo

Cuando estudiaba educación infantil aprendía muchísimo sobre mi misma. Sobre los procesos y pautas educativas que me han llevado a distintas formas de reaccionar, actuar, etc. en determinadas ocasiones. Todas las cuestiones aplicadas a la educación de los niños/as me parecen válidas para la reflexión y autoanálisis. Incluso, me atrevería a decir, que nos podrían servir para autoeducarnos o reeducarnos. Ya llegados a este punto, como adultos, que por una u otra razón, encontramos limitaciones mentales y comportamentales para ser quien somos, y para decidir y expresarnos con libertad.

Y, ¿cómo reeducarnos, a estas alturas? Se me ocurre, que podríamos empezar haciendo un “re-inventario” de cuáles son las prioridades en nuestra vida. Observando si realmente esas prioridades siguen teniendo valor para nosotras/os o ya han variado… simplificando las “necesidades” innecesarias, y evitando prejuicios, y limitaciones autoimpuestas. Para, así, caminar más libres.

Una de las cuestiones que más me ha hecho reflexionar, es el tema de los límites. Es cierto, que como padres y madres, a muchas personas les resulta complejo establecer límites a sus hijos/as. Quizá porque sientan temor al rechazo o la reacción de los mismos. Y se culpabilicen por no darles todo lo que pidan. Y… no hay nada de malo en enseñar a los hijos a controlarse y afrontar frustraciones.

Muchas veces los niños/as reaccionan con rabietas ante los límites. Y esa reacción también causa reparos en los padres a la hora de establecerlos. Sin embargo, las rabietas son una reacción típica a ciertas edades, cuando los niños/as aún no son capaces de expresar y canalizar su malestar o frustración.

10991168_10206281217452973_6322039957976039347_n

 

Y… ¡tampoco hay nada de malo en sentirse frustrado! Hay muchas situaciones en la vida en las que no podemos tener lo que queremos. Es un regalo aprender a sobrellevar estas situaciones cuanto antes. Y establecer bien los límites es de gran ayuda. Sin esas nociones claras, de hasta dónde, en qué momento, y cómo comportarnos ante la frustración, nos volveríamos intolerantes y egocéntricos. Es decir, no veríamos más allá de nuestras propias narices, sólo veríamos lo que queremos y cuando lo queremos… sin pararnos a pensar, o empatizar con las personas y el entorno.

Aprender estrategias y recursos para adaptarse a este mundo es una necesidad esencial que tenemos desde niños/as. Lo que no es una necesidad esencial es tener todo lo que deseamos a cada momento. Realmente, si lo tuviéramos, no veríamos el valor que tienen las cosas. Y eso puede acabar traduciéndose como desequilibrios emocionales.

Los niños/as cuando se enrabietan, lo hacen porque aún no han aprendido a controlar sus emociones y su organismo. No saben que esa sensación desagradable es sueño, o es hambre, o es enfado… sólo reaccionan. Es comprensible que se enfaden. Los padres y madres deben permitirlo. No reprimir lo que les surge, y enseñarles poco a poco cómo calmarse: respirando, relajándose, etc. ¡Pero es muy importante ser coherente! Si es el momento del baño, por ejemplo, eso no es discutible, “hay que bañarse”. Cuando los niños/as son más mayores, ya si se pueden llegar a negociar ciertas cosas.

Transmitiendo confianza a los hijos, ellos/as se sienten seguros de que lo que les indican sus educadores es por su bien. Un “no” de vez en cuando, es una oportunidad para practicar ante situaciones futuras. Pues el mundo en que vivimos está lleno de límites y normas. Siempre que ese “no” sea coherente y desde el cariño y la calma. Con dulzura, y paciencia. Valorando sus esfuerzos.

En conclusión, el autocontrol es esencial para vivir en este mundo y disfrutar de una buena salud emocional y de las relaciones sociales. Aprender a canalizar las emociones y malestares, teniendo en cuenta a las demás personas, el entorno, el planeta… nos hace a la larga más felices y saludables. Más comprensivos, y en definitiva, personas más maduras y completas. De esas que es agradable tener al lado.
Por el contrario, en el entrenamiento de este autocontrol, podemos encontrarnos, desde las rabietas de niños/as de dos o tres años; al chantaje emocional, tipo “tú no me quieres”, en niños más grandes; o las manipulaciones típicas de los adolescentes, como “¡soy el único de mis amigos que se recoge temprano, si me vuelvo solo y me pasa algo, es por tu culpa!”; hasta el maltrato de algunos adultos: “encima de que me paso el día trabajando por vosotros, ¿no eres capaz de hacer una cena decente?”.
En relación a los límites y autocontrol, la sabiduría oriental también contempla su importancia desde hace siglos:

En la filosofía del yoga, existe un código de disciplinas éticas sociales e individuales. A estas disciplinas se les denomina “llama” y “niyama”.

255380_206400809485739_1229141084_nLlama (disciplinas éticas sociales): constituye el conjunto de prohibiciones o límites a tener en cuenta para relacionarnos socialmente. Estos límites son:

-No violencia, no dañar.
-Amor a la verdad (coherencia entre mente y palabra con la realidad).
-Ser libre de avaricia y codicia más allá de lo necesario (no robar).
-Control del placer sensual (equilibrio en este aspecto también).

Niyama (disciplinas éticas individuales): son las obligaciones o compromisos a practicar para sentirnos bien con nosotros mismos. Estos compromisos son:

-Limpieza (mental especialmente).
-Contento («esfuerzo alegre»).
-Ardor (devoción, amor a lo que hagas).
-Estudio de sí mismo (reflexión, autoconocimiento).
-Entrega de sí mismo (atención plena, concentración, servicio).

 
Inspirado, en parte, en un artículo de Imma Riu: “ Si me quieres… dime NO”.

 

Imágenes: Sandra Muñíz (Artesanías Áurea).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *